Todo final es un principio

¿Has soñado alguna vez que estabas volando?:

«Es así que me parecía, cuando quería resistir, que desde debajo de los pies me levantaban fuerzas tan grandes, que no sé como compararlo... Y aún yo confieso que gran temor me hizo, al principio, grandísimo; porque verse así levantar un cuerpo de la tierra, que aunque el espíritu le lleva tras sí y es con suavidad grande, si no se resiste, no se pierde el sentido; al menos, yo estaba en de manera en mí, que podía entender era llevada.» 


Acabas de leer un párrafo tomado del Libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús (1515-1582), en el cual la autora hace partícipe al lector de sus levitaciones, de su desafío a la gravedad. Igualmente el médium Home (1833-1866) afirmaba que era elevado por espíritus:

"No siento manos que me sostengan y, desde la primera vez, nunca he sentido miedo, aunque si me hubiera caído desde el techo de algunas habitaciones en las que levité no hubiese podido evitar sufrir heridas graves. En general me elevo perpendicularmente; mis brazos con frecuencia se ponen rígidos y se elevan por encima de mi cabeza, como si estuviera tratando de aferrar al poder invisible que me eleva lentamente desde el suelo."

Ambos se encontraban despiertos cuando tuvieron estas experiencias, igual que lo estuvo Leonardo Da Vinci cuando anticipó la teoría de la gravedad doscientos años antes de que se formulara. Este genio nos dejó entre otros tesoros los planos para construír máquinas voladoras con las que desafiar a la gravedad, esta vez de forma física:




Alguno de sus inventos ha sido materializado, como puedes ver a continuación:


Leonardo Da Vinci se encargó de trasladar a nuestra realidad física un montón de buenas ideas que circulaban en el ámbito virtual, el inconsciente colectivo, aunque no tuviera oportunidad para plasmarlas todas materialmente hablando.

Los científicos saben que la Naturaleza es imprevisible y tratan de encontrarle un sentido. Continuamente hay cambios bruscos en cualquier tipo de acontecimiento, sin sucesos intermedios que los anticipen. Así ocurre también en nuestras vidas: Un día, por ejemplo, nos encontramos desafiando a la gravedad, y al día siguiente vemos que nuestro objetivo es otro. Si bien sabemos que nunca dejaremos de vivir en contacto con lo etéreo, en ese momento presente necesitamos tocar el suelo firmemente, con los pies bien plantados.

Necesito conectarme con el interior de la tierra, sentir cómo me nutro de su energía a través de las raíces de mis pies. Mi cuerpo es un junco que disfruta de su espacio físico y que oscila sin orden y sin compás, caóticamente, con el resto de la Naturaleza. Se deja llevar, está inmerso en el fluir sincrónico. No se altera si de repente el cierzo ataca bruscamente, ni se debilita por los fuertes rayos solares del verano ni por las gélidas escarchas del invierno. Encuentra oportunidades para crecer en lo que a primera vista parecen contratiempos. Vive el final de un ciclo como el principio de otro porque así es, fue y será, eternamente: la muerte es el origen de la vida.


Aún así toco el cielo y es más, me despliego en todas direcciones, alcanzando expansión y equilibrio, sólo dejándome llevar, vibrando con el Todo.


Os invito a que visitéis otra de mis habitaciones en la red: tiene vistas muy bonitas, está bien amueblado, es cómodo, bien perfumado; en él conviven muchos amigos y hermosos desconocidos; un jardín siempre vivo, repleto de flores y animales; cada espacio recrea un mundo diferente...





Autora: © Maite Perez-Pueyo



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