El ejército del Abedul Verde

Siempre que un cuerpo entero se retira de repente me pregunto: ¿cuándo llegará el siguiente? Esto se lo preguntan sobretodo las niñas rotas por las circunstancias, en el momento culminante de la palpitación.

Si tu estrella es roja no temas: brillará por siempre jamás en un país inacabado. Tu sombra es perenne, aunque le dé miedo a los niños famélicos de la región del este.

En Transilvania conocí a un señor dentudo, no enmascarado, que me deleitaba con noches locas y elegantes. A veces echo de menos sus llamadas telefónicas. Ten en cuenta que, aunque todavía guardo su capa, mis noches no son largas aunque lo parezca: yo también huyo de lo cotidiano transformándome en una blanca diva impopular.

Así que, si alguien te pregunta por las tropas del abedul verde, y tú piensas que todo ha terminado, no tienes más que mirarte en el espejo, darte la vuelta, girar tu cabeza por encima de tu hombro izquierdo, y curiosear con mucha jeta: si hay una tortura en los últimos días de tu vida, es que supiste terminar con la guerra.



Autora: © Maite Perez-Pueyo

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