Tu sabor es amargo y por añadidura, lento y sofisticado

Tenía que saber si, en un momento dado, aquel muchachito que salió de las sombras te perteneció. ¿Supo que tú le habías salvado la Vida? ¿Lo imaginó, lo pensó, lo creyó, lo inventó? 

Tras el cristal ya nada volverá a ser, si no es por tu invalidez permanente no sé cómo puedes sobrevivir a semejante golpe.

Es un ser sin estar sintiendo, una gota de mermelada grandilocuente y áspera si llega el caso. Incluso cuando tú te hayas ido, su lamento seguirá aquí. La risa, si la hubo, formará parte del azúcar; su pólvora alimentará los deseos de jugar de la niña, aún cuando tú te hayas ido. El seguirá aquí.

Te contemplas desde un lado y, cuando yo me asomo a la estancia, en lugar de cruzar de puntillas, arrastras las suelas de tus pies camuflados con hilos de colores. Dibujas con las uñas de tus pies un círculo imaginario. ¿Las dejaste crecer sólo para este momento? Eres especial hasta para ese detalle, me encantas...

Tus ojos son un barrido fraudulento, de eso no hay duda. Ya no te creeré. Más.


Autora:  © Maite Perez-Pueyo

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