Espérame en la piedra roja del terreno colindante

Siempre deseé encontrarme más allá del Arco Iris. Quiero saber qué se siente si alguna vez cruzo el Altar.  La tecnofilia es necesaria si eres un crápula de las emociones y quieres plasmarlas: Planifica tu terreno libre y tus ganas de vivir.

El Sol recoge la identidad de las personas no vivas del Planeta. Escucha la llamada del intruso en el desierto de la noche y se identifica con los peces cautivos en el paraíso. No oye sin embargo tu precioso cantar.

Tienes que aprender que si sigues la estela del polvo del camino llegarás a la muralla que flanquea el precipicio de su musa. La Reina siempre se erige por encima de los sueños inscritos en el Cielo, los que antes de estrenarse ya perdieron su identidad.

Conecta en la puerta con la llave en la mano, echa una mirada a las puntas de tus pies y sonríe a la par que detestas la mirada fraudulenta del capitán del barco. No supo quedarse en su sitio cuando quemaron su camarote y te echaste a volar.

Así, siguiendo mi camino, estrenarás nuevo piso con una tele muy grande, nuevecita, sólo para ti. Allí verás la imagen que te traje de Londres, cuando desteñiste tu pijama al tirarte al río de repente, sin mirar.

La tragedia no es tal si miras de reojo y observas las postales colgadas del árbol hermano. Debajo hay una piedra roja, saboréala despacio, sin sobresaltos. Ten ilusión y todo saldrá bien.

Ya no llevas tacones, lo sé, las plataformas son más cómodas que los stilettos multiformes diseñados por Tang. Los tiempos han cambiado y conozco tu forma de pensar. Estaré allí, no te preocupes.


Autora:   © Maite Perez-Pueyo

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